El viacrucis del deprimido de la 94 y su primera inauguración

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Siete años después de haberse firmado el contrato para su construcción, este fin de semana el alcalde Peñalosa inauguró parcialmente la obra a la altura de las calles 93 y 95 con carrera novena.

El deprimido de la calle 94 al norte de Bogotá se convirtió sin duda, en el más claro ejemplo de la corrupción  combinada con negligencia en el desarrollo de una obra civil pública.

Basta con recordar que el primer paso para construir ese deprimido se dió en la fallida administración de Samuel Moreno en el año 2009 cuando le entregó el contrato a una empresa llamada Consorcio Conexión.

Esa empresa a la postre resultó ser propiedad en un 68% de su capital accionario de un contratista del distrito que después fue vinculado y condenado por participar activamente en el robo de recursos de la ciudad, hecho que eufemísticamente se denominó “Carrusel de la contratación”.

Así entonces el viacrucis de esa obra comenzó desde el mismo momento de la adjudicación del contrato que desnudó otra práctica común de contratistas que se comprometen a realizarla por un precio a sabiendas que con el correr del tiempo podrán pretextar un sin número de presuntas “razones” para exigir un recálculo del precio inicial.

El deprimido de la Calle 94 no escapó de esa práctica. Consorcio Conexión aseguró que la haría por 46 mil millones, pero muy pronto dijo que no, que el valor subía a 63 mil millones.

En los dos años que  Gómez y su empresa tuvieron bajo su responsabilidad la obra, cometieron graves errores  en los diseños de las redes de servicios públicos que dieron inicio a la seguidilla casi interminable de retrasos para su entrega.

En el 2011 después de haber sido adjudicado el primer contrato, el Instituto de Desarrollo Urbano se ve en la obligación de caducarlo por los evidentes incumplimientos y comenzar una nueva licitación pero ya con un nuevo precio para la obra: 88.500 millones de pesos. Pasó un tiempo en que la construcción del deprimido estuvo paralizada.

La obra fue adjudicada de nuevo en febrero del año 2012 al consorcio AIA-Concay pero ya a un costo de 186 mil millones de pesos con plazo de entrega de 20 meses.

Esta empresa se encontró con otro problema para darle dinámica a la construcción del deprimido y era el Plan del Manejo del Tráfico de la zona que desembocó en otro retraso. Finalmente se reinicia la obra en enero de 2013.

Al poco tiempo se registra una nueva suspensión por un lapso de seis meses originada en un conflicto con la comunidad adyacente por un tanque de agua de una edificación que se encuentra en espacio público.

No se había reiniciado la obra cuando nuevamente debe suspenderse por tres meses ante el reclamo de los propietarios de un edificio cercano que aducía problemas en su fachada.

Ya para el primer semestre del año 2014 la obra del deprimido de la calle 94 presentaba evidentes sobrecostos ya que la relación era una inversión hasta ese momento de 35 mil millones frente a un avance en su construcción de solamente el 40%. Y lo que faltaba era realmente lo más costoso. Intervención de las redes de servicios públicos y la construcción del paso vehicular deprimido, que requerían una inversión de más de 120.000 millones de pesos.

La administración Petro estaba en su recta final y hacia agosto del año pasado el director del IDU, William Camargo reportaba que la obra estaba en un 64% de su ejecución. Era imposible entonces que se cumpliera con el plazo que ese mismo gobierno había establecido para su entrega: 22 de octubre de 2015.

Para ese momento era ya evidente la insatisfacción de la ciudadanía por la demora en la finalización del deprimido y el escenario no podría ser más caótico. Trancones eternos, vehículos mal parqueados y residentes cercanos prácticamente aislados de sus lugares de vivienda.

Para mayo de este año la nueva directora del IDU, Yaneth Mantilla, reportaba que las obras para la construcción del paso deprimido de la Calle 94 con Avenida NQS estaban en un  80 % y anunciaba su entrega por etapas.

Finalmente el viacrucis de  esta obra con múltiples problemas en su ejecución y planeación y  que pagaron los ciudadanos con valorización, tuvo este fin de semana su primera inauguración formal.

El Alcalde Peñalosa puso al servicio tres carriles de la carrera 9 con calle 94 en sentido norte-sur.

El siguiente objetivo del IDU será finalizar la construcción y habilitar el puente peatonal de la calle 94, costado sur, que está pactado para ser entregado en diciembre.

Así y a pesar del fuerte impulso que la presente administración le dió, la obra aún no termina y en el recuerdo quedó la fecha inicial de entrega que era 22 de junio de 2014 es decir hace casi tres años. Siete años después de haber comenzado.

Con otro agravante. Comenzó a un costo de 36 mil millones de pesos y su valor final será de 186 mil millones de pesos.

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Equipo Bogotá AMPM

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