Reconciliación para construir un nuevo país

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Me resulta inevitable y comprendo que no es lo correcto en aras de escuchar todas las voces, cambiar de dial o de canal, cuando escucho aquellas que se oponen al acuerdo de paz en nuestro país.

Hoy cuando se firma el nuevo acuerdo cuanto quisiera que esas voces no se acallaran pero que en cambio en un acto de humildad, de sintonía con un país que no se expresa en las urnas , que nunca dijo Si o No, que no escucha radio, que difícilmente ve televisión y que nunca lee periódicos pero que sueña con la paz, depongan esas banderas irritantes y que ondean en sus manos con espíritu revanchista y decidieran dar ese paso histórico de trabajar de hoy en adelante por el perfeccionamiento de una paz que no surgirá automáticamente con la firma de un papel.

Quisiera creer que quienes decidieron conformar el ejército del NO, como en las guerras, comprendan que la historia, esa que escribirán generaciones futuras, les reconocerá que un día depusieron sus armas a favor de un querer nacional: La reconciliación.

Pero no en un acto que signifique derrota, NO. En un acto que signifique encuentro, abrazo con ese otro país que tendrá también el deber de comprender que los contrarios defendieron una idea hasta que esa idea chocó con el clamor nacional de empezar a andar un camino distinto, lejano a la muerte, el despojo, la viudez, la orfandad, la tristeza.

Al final la reconciliación no es más que el reencuentro de oponentes que desde su respectiva esquina deberemos hacer nuestra propia introspección y en una acción de limpieza de alma liberarnos de nuestros odios para que en un escenario, hasta hoy impensado, nos juntemos para enfrentar un reto irrenunciable: Construir un nuevo país.

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Equipo Bogotá AMPM

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